Posted by Mike B. on 23/12/2004, 12:08 am (Originalmente fijado el 6 de diciembre, 2000, 8:51 p.m.) Un día leí en el diario sobre una pequeña operación “sting” de la policía [operación en que agentes de policía se disfrazan como civiles o prospectivos compañeros de crimen para engañar y atrapar a un criminal o criminales] que había ocurrido en Southcenter (alameda de compras), en la cuál la policía, después de recibir reclamos sobre un hombre que se exhibía en el baño allí, hizo que una mujer policía de civil se parara en el pasillo fuera de los baños, mirando hacia adentro, y el hombre que estaba allí, se le exhibió, y lo arrestaron. Yo nada mas sacudí la cabeza y me dije: “Idiota. Aunque se esté sintiendo “whimsical” [con el deseo de exhibirse] y cede a la cosa, ésa es la manera más estúpida que se me ocurre para dejar pasar. ¡En el baño de en un centro comercial! ¡Dios mío, qué idiota! ¡Y encima de éso, permanece allí y lo sigue haciendo bastante tiempo para que la policía llegue e instale una operación “sting” para atraparlo! Si va a ser tan estúpido, mejor que haga la rutina del impermeable largo [andar desnudo debajo, abriéndolo en la calle para exhibirse a mujeres y chicas]. ¡Dios mío, qué imbécil!” Lo irónico es que cuando los exhibicionistas tan estúpidos como ése son atrapados, encarcelados, y después evaluados, a ellos generalmente se les encuentra tener inteligencia sobre promedio—a pesar de ser tan imbéciles como para hacer trucos como ese. Luego una vez más adelante, leí otro artículo, sobre el exhibicionismo, y un policía o un detective describía las tácticas de exhibicionistas. Él decía algo como: “Un exhibicionista no desea estar en un lugar alejado. Desea estar en algún lugar lleno de gente, como el baño en el centro comercial.” Ahora era el policía quien demostraba su ignorancia. Hacían su evaluación de todos los exhibicionistas basados solamente en las acciones de los que son tan estúpidos como para hacer trucos idiotas tales como ése y los atrapan. Conclusión equivocada. Los exhibicionistas sí van a veces a áreas alejadas. Y a veces, mientras que en tales lugares, se vuelve “whimsicales” y las cosas suceden a veces. Pregúntenme. Creo que estoy calificado para hablar del tema. Bien, ya que no había estado implicado en situaciones que sobrepasan la ley por mucho tiempo, y lo había dominado bastante bien que las pocas veces cuando tuve que ceder, podía limitarlo a situaciones que implicaban el consentimiento de la chica—seguridad total de la ley—yo calculaba que lo tenía todo en control. Pero una cosa extraña pasó un día, cuando estaba en el centro comercial de Northgate. Nada más iba por alguna razón legítima, algo que necesitaba comprar allí. Tuve que pasar al baño, así que lo hice. No había nadie más alrededor, dentro o fuera del lugar. Las puertas de los baños en Northgate habían sido quitadas, invitando nomás a los exhibicionistas a entrar y hacer sus cosas. “Pero no yo,” pensaba. “No soy tan imbécil como para eso.” Pero justo al darme la vuelta del urinario y cerrar la cremallera de mis pantalones, ¿qué oí de afuera en el pasillo sino dos voces femeninas encantadoras que hablaban en una lengua asiática? No soy experto en los idiomas asiáticos, pero podría determinar que no era japonés ni coreano. Tampoco no sonaba como que fuera del grupo austronésico, lo que eliminaba a Indonesia, Malasia y las Filipinas. Pero en cuanto a los dialectos chinos, el mandarín, el cantonés y el wu, no puedo distinguir la diferencia entre ellos y los idiomas del resto de la Asia suroriental. Habría podido ser cualquiera de esos países. “¡Chicas asiáticas! ¡Oh!” Me decía. “Oh, me encantan las chicas asiáticas!” ¡Y venían en esta dirección ahora! De repente un ataque de pasión venía sobre mí. Una ráfaga de los “whimsies” me envolvió, y completamente. Estaban justo detrás de la barrera. Cedí. Lo saqué y pasé la barrera, aún bien adentro del baño, pero en vista del pasillo afuera, como si acababa de apartarme del urinario y sólo estaba siendo un poco descuidado de guardarlo antes de salir a la vista del exterior. La sociedad norteamericana nunca—o casi nunca—se deja engañar por esa excusa, ¿pero el país de donde eran estas chicas? Hmmm, ¿quién sabe? Yo estaba allí parado. Pasaron. Sus ojos le echaron un vistazo abajo brevemente, después para arriba otra vez y continuaron en su camino. Lo guardé. “Ahora, como diablos, mejor que me salgo de aquí,” me dije. Salí al pasillo y afuera del centro comercial al estacionamiento, en la misma dirección que las chicas se habían ido. Yo había acabado de cometer lo que consideraba una de las maniobras más idiotas imaginables. Por otra parte, consideraba, quizá su diversa mentalidad del Tercer Mundo podría permitirme un descanso. Miré alrededor afuera, y no estaban en ningún lado. Acababan de salir. Podría haberlas visto. Entraron quizá en el banco al lado de los baños. Volví y miré por la ventana de la puerta del banco “Seafirst” allí. Había una cola de gente adentro y las dos chicas estaban allí, paradas en la línea de espera. Como si esa primera maniobra no fuera bastante idiota, la pasión me golpeó otra vez, y sólo tenía que conseguir una mirada de sus caras. Entré en el banco y caminé, mirando sus caras mientras pasaba—eran tan hermosas como las chicas asiáticas suelen ser—luego continué, saliendo por el lado opuesto. Después de ir al banco, probablemente se iban a ir, pensé. Quizá no sería tan peligroso después de todo seguir con mis compras. Y habría tanta gente allí, las probabilidades de que me vieran otra vez eran pocas, me imaginé. Así que fui nuevamente adentro del centro comercial y continué con mis compras. Calculé que era bastante seguro, pero mas o menos una hora más tarde, después de entrar a diferentes almacenes, cuando estaba casi al otro lado de la alameda, de repente ¡allí estaban otra vez, caminando al lado mío! Y estaba la cabina de información justo delante de nosotros. “¡Oh, Dios!’ me dije. Si hay una cosa que impulsa el terror en el corazón de un exhibicionista, es la vista de una chica que está hablando con un policía—u otra autoridad—y señalándolo. Me di la vuelta a la salida del este que estaba allí mismo, y, con mariposas en el estómago, aterrorizado hasta al alma, salí caminando de allí lo más rápido posible sin hacer ver como si estuviera corriendo. No miré atrás. Enérgicamente, caminé por la puerta. Afuera, no sabía si habría agentes de seguridad que vinieran detrás de mí. Seguí caminando. Ahora afuera en el estacionamiento, comencé a correr. Corrí tan rápidamente como pude. Las visiones de la policía, de la cárcel y del sistema judicial aparecían en mi mente. (Continuado)
Message modified by board administrator 3/8/2006, 11:19 pm
[Los comentarios entre paréntesis cuadradas, que son para explicar algunos modismos del inglés, son del traductor; no aparecen en la versión original.]
Ya hacía bastante tiempo después del tratamiento, y pensé que ahora lo tenía bajo control, ya que hacía cerca de dos años desde que había estado implicado en cualquier situación en violación de la ley.
Futilmente traté de darles una sonrisa amistosa, pero antes de que pudiera largarme de allí, allí estaban en la cabina de información, una de ellas dirigiéndose a la señora que se sentaba allí, y señalando su pulgar hacia mí.
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