Posted by Ryan on 23/12/2004, 1:21 am, in reply to "Parte 1: Sueños del recorrido" Una vez llegué a una área cerrada con barricadas al lado de la orilla, y había un grupo de adolescentes holgazaneando allí con un barril metálico de cerveza, tomando, fumando y gozándose. Me detuve, me senté en el tronco caído y me puse a conversar con ellos. Yo nunca había andado con la gente dura; los amigos con quienes yo andaba siempre había sido la clase que escuchaba a sus padres, se involucraba en causas benévolas, decía no a la droga y tendían a ser bien comportados (casi siempre, digo). Pero algunos de nosotros realmente llegamos a ser ensimismados con la idea de tener relaciones sexuales con las chicas, y en nuestra adolescencia, siempre era nuestro asunto secreto de la conversación. Y cuando el despertar sexual comenzó en mí, con ello reaparecieron algunas de las emociones de mi niñez, de momentos de ser un pequeño niño con las pequeñas niñas que querían que yo les mostrara mis pequeños órganos genitales, y los momentos en que lo hacía. Cuando aprendí a masturbarme y me entré en el vicio—y luego encontré que no podía pararlo—encontré que mis fantasías tuvieron que ser realistas; si no, no funcionaban. No se puede simplemente acercarse a una chica que se ve caminando en la calle y decirle: “Oye, ¿quieres venir a tener relaciones sexuales conmigo?” y esperar que ella nada mas le responde: “¡Ah, biencito!” enganchándole el brazo en el suyo con sonrisa grande y que venga caminando felizmente con los gestos exagerados junto con Ud. Las chicas simplemente no hacían eso. Eso no era una fantasía realista. Tuvieron que ser creíbles; si no, no tenían aquel efecto erótico. Cuando mis amigos y yo ibamos creciendo hacia la adolescencia, pasamos por una fase que creo que pasan la mayoría de los muchachos, secretamente hablando uno al otro sobre situaciones de la fantasía donde sería posible tener relaciones sexuales con las chicas. Y siendo muchachos jóvenes, había algunas cosas sobre la vida que aún no habíamos aprendido, que todos tienen que aprender al crecer, una de las cuales siendo preocuparse de los sentimientos de la chica—sin contar de sus derechos humanos básicos. Una vez una de estas situaciones de que hablábamos secretamente era: “¿Si una chica se desmayara o se quedara inconsciente o algo? Entonces se podría bajarle los pantalones.” “Sí, y podrías tocarle la cosa....” “Sí, y hasta podrías hacerlo con ella, y al despertarse, ni lo sabría.” Sí, es cierto que si de alguna manera una mujer se quede inconsciente, se puede hacerlo, pero lo que no tomábamos en cuenta era qué cosa seria sería hacerlo. Es un crimen, un “felony”—un crimen de clasificación grave; de hecho, legalmente se considera la violación. Prisión por muchos años. Bueno, eso sólo fue un caso de muchachos hablando y fantaseando en la ignorancia de sus adolescencias, con mucho aún que aprender. Tengo que admitir, algunas veces algunas de mis fantasías se trataron de esa situación, a pesar de qué cosa mala era, de estar con una chica que por alguna razón había caído inconsciente, luego desvestírsela y tomar libertades con ella—un pensamiento sumamente malsano para un muchacho, a tenerlo pasando por la mente—pero según lo que decían los otros muchachos en la escuela, todos ellos también tenían la misma fantasía, a veces. Ningunos de nosotros en mi círculo de amigos jamás se involucraron en crímenes de ningún tipo (a no ser que quisiera incluír la indecencia pública para mí), y con el tiempo todos crecimos y, al recibir las clases de la salud, y cuando el misterio enigmático del sexo comenzó a derretirse, comenzamos a aprender que existían algunas maneras en que uno sí podía satisfacerse del deseo sexual y otras maneras en que uno no lo podía; que existían algunos deseos que no deberían ser entretenidos ni siquiera durante las fantasías masturbatorias, no por una persona sana, como intentaban enseñarnos a ser a nosotros. Yo nunca hice ninguna cosa así, ni mucho mas que estaba muy fuera del centro de lo que la sociedad habría considerado aceptable, pero desafortunadamente, de alguna manera el antojo hacia el exhibicionismo era una cosa que se pegó conmigo, y pasé mucha de mi vida pasándolo terrible tratando de suprimirlo. Una vez en mis adolescencias yo sí atestigüé un caso de dos chicas que se encontraban inconscientes—y aprendí algo más sobre mi función sexual: es decir, que el miedo lo elimina; lo despeja completamente y lo deja muerta donde esté. Una semana durante ese verano, sucedió una ola de calor repentina, cuando había hecho una temperatura moderada, y después saltó repentinamente 10 a 15 grados más alto. Algunos amigos y yo fuimos al centro a un parque de atracciones donde todos se gozaban en el calor. Había una muchedumbre enorme de gente. Había pasado al baño e iba de vuelta a donde estaba el resto del grupo, y de repente cuando pasé a través de la muchedumbre, me fijé que había una ambulancia allí, y dos paramédicos se arrodillaban en el césped. Me preguntaba por qué, y luego vi a dos chicas, quizá en sus últimas adolescencias o años 20 tempranos, acostadas en la hierba con los ojos cerrados. De repente tenía miedo. ¿Qué les había sucedido? ¿Estaban en peligro sus vidas? Mi corazón comenzó a batir. Le pregunté a la paramédica que trabajaba en ellas qué sucedió. —Oh, nada mas se desmayaron del calor— me contestó, no pareciéndose preocupada. Estaba dando masajes a la mano y al brazo de una de ellas, y luego la chica inconsciente le agarró la mano de ella, aún con los ojos cerrados. —Me está agarrando la mano— la paramédica tranquilamente informó en su radio. Decidí que ya podía relajarme ya que los paramédicos se parecían pensar que no era nada seria y veía que la chica empezaba a moverse y estaba a punto de recuperar el sentido. Pero, ¡vaya que el sexo fuera la última cosa del mundo en que podía posiblemente haber pensado en un momento así! ¡Yo me quedé asustado! La sangre había bombeado alrededor de todo mi cuerpo, y en toda mi estructura corporal, los tejidos eréctiles eran el último lugar para que algo de ella estuviera disponible. Ése fue años antes, pero aprendí de éso que cuando estoy asustado, el sexo es la última cosa en que mi cuerpo puede pensar—¡ya se acabó esa fantasía de la niñez! Ahora, rápido delantero de nuevo al presente: Ese día cuando me sentaba en la “fiesta de cerveza” con los jóvenes—y yo también tomaba uno o dos, aunque todavía no tenía 21 años (y aunque sí, igual es ilegal tomarla en público así)—nos sentabamos allí conversando, y me fijé que cuando los chicos tenían que orinar, nada mas se acercaban los arbustos y la dejaban salirse, en plena vista de todas las chicas presentes, y las chicas, en vez de quedarse espantadas y arrancarse corriendo para llamar a la policía, como se podría considerar una reacción normal en nuestra sociedad, nada mas se quedaron sentadas e hicieron risas ahogadas, aceptándo que esto era algo que se hace en las “fiestas de cerveza”. (No se veía nada, porque ellos daban la vuelta, pero las chicas podían ver el chorrito de orina que salía en los arbustos.) La cerveza produce la orina. Las chicas también la estaban tomando, y no sé qué hicieron ellas, ya que tendrían que bajar los pantalones para hacer el baño. Quizás se apartaron y encontraron lugares donde estaban más densos los arbustos, y se relevaron allí; no me fijé, no estaba pensándo en ello. Tener “fiestas de cerveza” y tragar la cerveza en cantidades así (o hasta el simple hecho de tomarla) es una actividad que los padres generalmente no aprueban que sus hijos hagan. En la mayoría de los casos, los jóvenes que eligen hacerlo saben que van contra lo que les permitirían sus padres. Y cuando un grupo entero de jóvenes se reúne para hacer algo que todos saben es prohibido, los estándares del comportamiento comienzan a bajar en otras áreas también, y a veces algunas cosas comienzan a tomarse como “comportamiento aceptado” que de otra manera no lo sería. Ya que la reunión entera era prohibida, ambos por sus padres así como por la ley, los adolescentes allí ni pensarían en denunciar cualquiera cosa a nadie. Sabían que al hacerlo, ellos también se meterían en problemas, por el simple hecho de haber estado allí. Se me ocurrió la idea de que, si tuviese que orinar, yo también podría dejarlo salir a chorros en los arbustos en plena vista de las chicas. Me paseé un poco por allí, y me fijé que había varios troncos caídos en que la gente se estaba sentado, tomando la cerveza y conversando en distintos lugares. En algunos de los lugares había arbustos que no eran muy gruesos, y si un chico orinara allí, las chicas que se sentaban haciendo frente serían capaz de verlo. No me precisó mucho tiempo deducir que cuando llegara la hora, pudiera ir a ese punto, sacarlo para hacer pis, y experimentar que ellas lo vieran. Tomé algunas, esperé hasta que tuve que hacerlo, y luego cuando sucedió, fui a ese punto, e indiferentemente lo saqué delante de algunas de las chicas que estaban sentadas allí. Hicieron risas ahogadas, se rieron entre dientes, y sí, varias de ellas me vieron todo. (¡Qué divertido!)
Message modified by board administrator 4/7/2005, 11:03 pm
A veces después de la clase cuando no trabajaba, yo llevaba un desvío en el camino a la casa, e iba a la playa que estaba cerca. El lugar era desarrollado en parte en un parque, pero mucho aún no se había desarrollado. Había un sendero que iba al lado del agua, y en muchos lugares había pequeños racimos de arbustos por la orilla, con el bosquecito al lado.