Posted by Pepe on 20/10/2005, 18:32:54 Me alejé y continué mi día como de ordinario, sin dejar de pensar, sin embargo, en esos humildes hijos de Dios que habían quedado ahí, solos, expuestos al sol y al polvo, al cuidado de nadie, o víctimas de algún desalmado... Vayan ustedes a saber. Llegó la tarde, y con ella, la hora de mi regreso a casa. No olvidaba los "tomatitos" aquellos. De hecho, su recuerdo hizo venir a mi mente la época aquella de mi niñez, cuando mi madre, Dios la tenga en su Gloria, solía tomar a uno de esos rojos seres, lo envolvía en algún paño y me lo untaba en la cabeza para domar mi rebelde pelo a la hora de ir a la escuela, al tiempo que por la radio escuchábamos una canción-comercial (jingle, le llaman ahora los gringos) que de tan pegajosa, aún la recuerdo, la cual decía más o menos así: "Estaban los tomatitos "¡No me importa la muerte" ¿Alguien la recuerda? Supongo que no, pues ni siquiera creo que la tal marca Del Fuerte exista ya, pero en fin... el caso es que la cancioncita se me pegó y no me dejó ni un solo instante. Siguiendo mi rutina, al regresar a casa pasé a un "estanco" (estanquillo, pa'los cuates) donde como siempre, compré una barra de pan. Esta vez insistí en que me lo dieran en una bolsa grande, de esas que los gringos llaman "T-shirt bags", tan populares hoy en día. Pues bien, al llegar a donde aún estaban los "tomatitos" de mi canción, no pude resistir y, valiéndome un pepino lo que dijera la gente, que a fin de cuentas por eso mismo he venido a parar tan lejos, me agaché a recoger algunos de ellos, confirmando al tocarlos que no eran desperdicio, sino que seguramente alguien los habría olvidado o abandonado. Tomé unos cinco o seis de ellos, los más duritos, y dije "adiós" los otros. Llegué a casa y disfruté una rica y refrescante ensalada de tomate con aceite de oliva, ajo y orégano, muy al estilo de acá. Esta mañana continué con mi rutina semanal: deambulé por las calles de siempre y una vez más pasé por donde ayer me esperaba mi montoncito de "tomates". Pero ¡Oh triste realidad! Los que ayer dejé abandonados a su suerte estaban hoy ahí mismo, despanzurrados in situ algunos, otros estrellados contra las paredes cercanas y algunos otros más aún podían distinguirse como manchas rojas a media calle. ¡Mis "tomatitos" cayeron víctimas del vandalismo citadino. Murieron sin haber cumplido su misión. O quizá... pensándolo mejor, pudiera ser que la misión que todos consideramos obvia para unos, no lo sea ante los ojos de nuestro Creador. Quizá esos "tomatitos" fueron puestos ahí por algún ángel, no para ser comidos, misión obvia, sino para hacerme reflexionar sobre estas cosas que ahora trato de compartir con ustedes: que sepámoslo o no, todos tenemos una mision en la vida; que nuestra misión particular puede no ser la que parece obvia a simple vista, que, como mis "tomatitos", puede ser que algunos terminemos esta vida sin haber cumplido nuestra misión, y finalmente, que quizá al ser despanzurrados, humillados o despreciados, finalmente motivemos a otros a valorar mejor su realidad... Que Dios me perdone el haber abandonado a mis "tomatitos" a tan triste fin. EL CUERPO DEL DELITO. Las imágenes siguientes son demasiado crudas y descriptivas. Míralas a tu propio riezgo): Desde El Espejo del Mar, en España
217.127.158.34
Deambulaba ayer por la mañana, como suelo hacerlo a diario, rumbo a mi trabajo. Me detuve un momento a observar una pila de "tomates" (jitomates, pa'los cuates) que alguien había dejado abandonados a media acera. A simple vista serían unos doce o quince, no los conté, pero se veíanmuchos, rojos, maduros y sin daño aparente. Aún tenían parte de la viña que los alimentó en alguno de los muchos invernaderos de por acá. Se veían francamente tristes. Vino a mi mente la idea de recogerlos, y sin embargo no lo hice por dos razones, primero, por ese maldito "qué dirán" que tantas veces nos impide llevar a cabo nuestros deseos; segundo, porque no portaba conmigo una bolsa en qué llevarlos. Bueno, esa fue mi excusa. Los dejé abandonados a su suerte y continué mi camino mientras conjeturaba sobre la causa de la desventura de esas pobres criaturas. "Pobres tomatitos", pensé, "han de morir sin cumplir el destino para el que fueron creados. ¡Cuántos de nosotros no pasamos por la vida y terminamos corriendo la misma suerte!" Así reflexionaba. Elucubraba también sobre la causa de su desventura. ¿Habrían caído de alguna bolsa sin que su dueñ@ lo notara? ¿o quizá algún chico travieso los abandonó para aligerar su huída después de haberlos hurtado de alguna frutería? Vayan ustedes a saber.
muy contentitos
cuando llegó el verdugo
a hacer los jugos"
decían a coro,
"si muero con decoro
en las bodegas Del Fuerte!"
Saludos.
EVIDENCIA 1.
EVIDENCIA 2.
Octubre 19, 2005
(+<
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